jueves, 28 de enero de 2016

Llegó la noche y no encontré un asilo

Imagen de red, forest, and tree
       RIMA LXV

 Llegó la noche y no encontré un asilo; 
y tuve sed ... ¡mis lágrimas bebí! 
¡Y tuve hambre! ¡Los hinchados ojos 
        cerré para morir!

¿Estaba en un desierto? Aunque a mi oído 
de las turbas llegaba el ronco hervir, 
yo era huérfano y pobre... El mundo estaba 
        desierto... ¡para mí!

Gustavo Adolfo Bécquer

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